El castillo,
Franz Kafka
El señor K acaba de llegar a un pueblo para realizar un trabajo, pero al intentar dirigirse a las autoridades, residentes en un misterioso castillo, todo se complica. Sus intentos por entablar contacto con estas personas son en vano. Además de una crítica a la burocracia, en El castillo, como en otras obras Frank Kafka, la filosofía existencialista se encuentra en el trasfondo de su trama. Marcada por un tono surrealista, la obra trasmite al lector la angustia existencial de quien busca formar parte del sistema y es constantemente rechazado.
A pesar de que hoy en día es considerado uno de los autores fundamentales del siglo XX, Kafka no quiso publicar gran parte de su obra y, de hecho, antes de morir pidió que se destruyeran sus manuscritos. Algunos, sin embargo, como esta novela inconclusa, terminaron en la imprenta. La mezcla de realidad y fantasía, así como el habitual tono obsesivo y opresivo de las situaciones que relata nos ha legado un nuevo adjetivo: kafkiano, con el que expresar la naturaleza a la vez insólita y angustiosa de un acontecimiento.